# Ejercicios y Herramientas de TCC para Niños y Adolescentes

> El kit de TCC que de verdad se usa, más allá de las fichas — el modelo que el niño consigue entender, los ejercicios que mueven la conducta, y los cuestionarios que vale la pena seguir, con notas sobre qué cambia entre niños y adolescentes.

Una ficha solo deja constancia de un ejercicio; el cambio ocurre en algún momento antes de ella. Puedes darle a un niño un registro de pensamientos precioso y no llegar a ningún sitio, porque el trabajo de verdad estuvo en la conversación, y en el momento en que el niño notó que se le apretaba el estómago y le puso nombre. La hoja solo guarda una copia después.

Esa distinción importa cuando estás montando una práctica de TCC con niños y adolescentes. Las fichas son la capa visible, y vale la pena hacerlas bien (escribí una [guía aparte sobre las diez que aguantan](/es/blog/fichas-tcc-para-ninos)). Debajo de ellas está el kit de verdad: un modelo que el niño pueda sostener en la cabeza, ejercicios que mueven la conducta, y unas pocas medidas que te dicen si algo de esto está funcionando. De esa capa va este texto.

## Empieza por el modelo

Antes de cualquier ejercicio, el niño necesita un marco donde colgarlo. En TCC ese marco es la relación entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos: el esquema TCC, lo que las familias suelen buscar como el *esquema* de cómo se conectan los tres.

Para un niño de ocho años, dibújalo literalmente. Tres círculos, flechas entre ellos, una situación real en el medio: "Entraste a la fiesta." Pensamiento: "Nadie me quiere aquí." Emoción: "Miedo, 7 sobre 10." Conducta: "Me quedé pegado a la pared." Después recorre las flechas hacia atrás. Si el pensamiento hubiera sido "voy a encontrar a alguien que conozco", ¿cómo cambiaría la emoción? ¿Qué haría el cuerpo entonces? Lo que el niño se lleva es que el pensamiento del medio es la parte que puede cambiar.

Los adolescentes pueden manejar el modelo en abstracto, pero no des por hecho que quieren. Dibuja el mismo esquema sobre una situación que de verdad escuece, como un mensaje dejado en visto o una mala nota, y cala más que un diagrama limpio. Construye el modelo una vez, en concreto, y a partir de ahí cada ejercicio tiene dónde vivir.

## Mide algo, desde la primera sesión

La TCC con niños va a la deriva sin medición. El niño dice que se siente "bien", el padre dice que nada ha cambiado, y a las seis semanas no sabes si estás ayudando. Un puñado de cuestionarios breves y validados arreglan esto, y funcionan a la vez como ejercicios por derecho propio, porque rellenarlos enseña a observarse.

- **SCARED** (cribado de trastornos de ansiedad infantil): versiones de niño y de padre, buena para discriminar qué ansiedad está tirando del cuadro.
- **RCADS** (escala revisada de ansiedad y depresión infantil): ansiedad y ánimo bajo en un mismo instrumento, con subescalas que se siguen por separado en el tiempo.
- **SMFQ** (cuestionario breve de estado de ánimo y sentimientos): trece ítems, con una carga lo bastante baja como para repetirlo cada pocas semanas.
- **SCAS** (escala de ansiedad infantil de Spence): útil cuando quieres un perfil de ansiedad más fino.

Puntúalos, traza los números y enséñale al niño su propia línea bajando. Ese gráfico es una de las herramientas más motivadoras de la sala, y mucho más convincente que tu garantía de que las cosas van mejorando. Vuelve a pasarlos cada tres o cuatro semanas en lugar de cada sesión, para que el ruido normal de semana a semana no se lea como un empeoramiento.

## Ejercicios cognitivos que no piden mucha lectura

El movimiento cognitivo de base es pillar un pensamiento, comprobarlo y elegir otro. Cuesta hacerlo en papel con un niño que lee a regañadientes, así que hazlo como ejercicio.

**El detective de pensamientos, en voz alta.** Coge una preocupación real que el niño nombre, trátala como un sospechoso y recojan pistas juntos, hablando, mientras tú haces de escriba. La investigación es el ejercicio. Si usas una ficha, solo guarda el veredicto.

**La comprobación de las dos sillas.** Para niños mayores y adolescentes, que se muevan físicamente. Una silla sostiene el pensamiento ansioso, la otra la alternativa más tranquila, y el niño habla desde cada una. Cambiar de silla externaliza las dos voces de una forma que quedarse quieto y razonar nunca consigue.

**Aplazar la preocupación.** Fija un "rato de preocuparse" de diez minutos al día. Cuando una preocupación aparece fuera de ese rato, el niño la anota y la aparca para después. Para cuando llega el rato de preocuparse, la mayoría de las preocupaciones han perdido su carga, y el niño aprende, por experiencia, que un pensamiento no es una emergencia.

## Ejercicios conductuales, donde ocurre casi todo el cambio

El trabajo cognitivo se lleva la atención, pero con niños son los ejercicios conductuales los que cargan con casi todo el peso.

**Exposición, montada como escalera y luego subida.** La jerarquía es el plan; el ejercicio es subir un peldaño. Empieza tan abajo que el primer paso sea casi fácil, para que un éxito temprano lleve al niño hacia arriba en el resto. Quédate en cada exposición hasta que la ansiedad baje de forma clara, repítela, y solo entonces sube. El error que más veo es subir demasiado rápido: un peldaño que dispara la ansiedad y se abandona enseña evitación, lo contrario de lo que se pretende.

**Experimentos conductuales.** Convierte una creencia en una prueba. "Nadie va a hablar conmigo si me siento con ellos" se vuelve una predicción, un plan y un resultado. Los adolescentes responden bien al encuadre científico, porque se siente objetivo y racional.

**Activación conductual para el ánimo bajo.** Programa una pequeña actividad agradable o de dominio al día, valora el disfrute previsto antes y el disfrute real después. Los adolescentes deprimidos subestiman el disfrute de forma fiable, y ver la diferencia entre los dos números es lo que mueve la creencia de que nada va a sentar bien.

**Relajación y anclaje, ensayados antes de hacer falta.** La respiración diafragmática, la relajación muscular progresiva y el anclaje 5-4-3-2-1 solo funcionan si se ensayan en calma. Una respiración presentada por primera vez en plena crisis de pánico fracasa. Practícala como un hábito semanal aburrido para que salga sola cuando cuente.

## Herramientas que vuelven concreto lo abstracto

Unos pocos recursos se ganan su sitio en casi todos los casos:

- **El termómetro de las emociones**: una escala de 0 a 10 que el niño pinta, que te da un código compartido ("¿dónde estás en el termómetro?") y el escalamiento del que depende el trabajo de exposición.
- **Un menú de afrontamiento**: estrategias preferidas ordenadas en cuerpo, mente, social y creativo, elegidas por el niño y guardadas en algún sitio a mano, no en una carpeta de terapia.
- **Tarjetas de emociones**: para los más pequeños, o para cualquier niño que sepa señalar mucho antes de saber explicar.

Estas herramientas se solapan con la biblioteca de fichas, y está bien: la herramienta y su versión imprimible son dos formatos de una misma cosa. Aquí el punto es usarlas en vivo, en la sala, como parte de un ejercicio.

## Qué cambia entre niños y adolescentes

El mismo kit, afinado distinto.

**Concreción.** Los niños más pequeños necesitan el modelo dibujado, la metáfora literal, la exposición física. Los adolescentes pueden trabajar con la idea, una vez que te has ganado el derecho a ser abstracto con ellos.

**Ceder el control.** Con un niño pequeño construyes la escalera juntos. Con un adolescente, cédele más: deja que diseñe el experimento, que puntúe su propio cuestionario, que fije su propio rato de preocuparse. A esa edad, la apropiación es terapéutica en sí misma.

**Encuadre.** Una placa de detective encanta a uno de nueve años e insulta a uno de quince. Con adolescentes, el encuadre que funciona es la competencia: así funciona la técnica, esta es la evidencia, tú la llevas.

## Montar el kit completo

No despliegues todo esto de golpe. Un primer arco que funciona es: construir el modelo en la primera sesión, empezar un cuestionario breve para fijar una línea base, enseñar un ejercicio de regulación, y entrar en el trabajo cognitivo y de exposición a medida que el caso lo pida. Las fichas encajan como capa de registro una vez que los ejercicios están en marcha.

Un [generador de recursos de TCC para niños](/resources/cbt-worksheets-for-children) puede producir la parte imprimible (termómetros, escaleras, diarios de experimentos, menús de afrontamiento) en diseños consistentes y adecuados a la edad, de modo que el tiempo de preparación se va en planificar el ejercicio, no en dibujarlo. El juicio más difícil, qué ejercicio necesita este niño y cómo guiarlo a través de él, sigue siendo tuyo.
